casa-taller en coeses, lugo

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fotografia Ana Amado

La vivienda ocupa el volumen de una antigua casa de labranza de la que se ha conservado el muro perimetral  de mampostería exterior que mantiene la identidad y la imagen tradicional. La cubierta es de pizarra que también se han dispuesto como pavimento exterior. Hacia el interior del predio se desarrolla sin embargo una arquitectura basada en la eficiencia energética: Sobre una cáscara de hormigón  que actúa de acumulador de energía se despliega una fachada trasventilada de madera de alerce tratada al aceite que con el tiempo ha de adquirir un color gris característico.

Los huecos de la casa se reducen al mínimo para evitar perdidas de energía excepto en la orientación sur donde adquieren su máxima dimensión a modo de captador solar.La producción de energía para el agua caliente sanitaria y la calefacción de suelo radiante se ha resuelto mediante bomba de calor  y  geotermia. El programa funcional combina dos espacios de trabajo con el de vivienda .

El proyecto finalmente ejecutado fue el resultado de una  negociación cliente arquitecto en el que se a dibujaron a nivel de proyecto de ejecución hasta cuatro versiones diferentes. El proceso creativo desarrollado en un primer momento sobre el papel, las dudas las discusiones se extendieron a cada fase de la construcción de la vivienda. El arquitecto es aquí  un mediador entre los deseos de sus clientes y la realidad. El proyecto se convierte en el resultado de ésta relación dialéctica. La ejecución de vivienda pasaba por la autoconstrucción en muchas de sus fases. Tan solo se contaría con un contratista para ejecutar la estructura de la vivienda. La vivienda se entiende entonces como una cáscara de hormigón que se instala en el espacio de la antigua ruina y que sirve para consolidar los muros perimetrales de mampostería.  Una vez construida la estructura la vivienda esta  completamente definida. Los clientes ejecutaron ellos mismos acabados, revestimientos interiores y exteriores. La arquitectura es aquí la solución de un problema, la cristalización necesaria de unas condiciones contorno. Los primeros dibujos de la vivienda son  el resultado de una cierta caligrafía aprendida, de una inconsciente academia de lo contemporáneo, una manera de vestir, que los clientes en seguida reconocen como banal. El proyecto, la obra, como tantas veces parecía la manera de encajar los cambios, los imprevistos, hacer de la necesidad virtud, dar liebre por gato, pero se convierte en un proceso de despojamiento, de desvestimiento, de reducción, en el que la  arquitectura es la solución, el punto de encuentro. La arquitectura no impone un modelo habitacional, sino que se acerca de algún modo a aquella entonación de “Thoreau” en Walden de una vivienda como espacio de libertad abierto, sin dictados.

La distintas versiones del proyecto evolucionaron hacia el contenedor, como volumen necesario y optimo para acoger la vivienda y el estudio de los clientes. Del constante cambio, de la necesidad de asimilar futuras variaciones el proyecto se desprende de lenguajes, de retóricas y se convierte simplemente y nada menos como querría de la Sota en la opción más razonable. El trazado de las fachadas, de las plantas, el despiece de la madera, el de la carpintería son las necesarias dadas las circunstancias. La arquitectura es aquí el paso de lo contingente a lo necesario.